mercoledì, marzo 29, 2006

sensaciones

Me di cuenta de que la amaba una noche de Domingo de Resurrección por Mateos Gagos, con la luna llena y el olor del azahar flotando en el aire, aunque suene a tópico. Yo me tenía que volver a Roma a los pocos días, pero no me hubiera importado quedarme (aunque no me arrepiento de haberme ido). Hasta que no volví, no me reconocí en ella, en cada esquina, y acepte que era mi ciudad, que lo otro era mi pueblo, y que había pasado una pagina de mi vida. Y es raro escribir esto el día que la he colapsado con mis paisanos reclamando un hospital.
Esta hecha especialmente para esta época del año, que aquí dura pocos días, pero que se nos devuelve allá por los meses de septiembre y octubre como una segunda primavera. Ahora llegan los paseos de noche por el centro, a la sombra de la Giralda; las cervezas con los amigos en la Plaza del Salvador; algún picnic a la orilla del rió, en el puente de Triana; el olor a azahar, a jazmín, a dama de noche… Es la mejor época del año, o al menos una de las que mas me gustan. Tan bonita y a la vez tan difícil; tan cargada de las ganas de besos y abrazos, de sensualidad, sexualidad (en esto ultimo me espera una primavera muy mala) y de nostalgia. Una época tan bonita que ando solo por las callejuelas del Barrio de Santa Cruz, con una sonrisa tonta en la cara, oliendo, mirando, tocando, oyendo…

4 commenti:

pepe ha detto...

es curioso, pero eso más o menos así mismo me senti yo en roma la ultima vez que salia de la facultad con muchos mas problemas encima que las horas de clase que llevaba y en vez de volverme a casa me decidi por dar un paseo.

este se supone que debe ser mi ultimo año de carrera, despues de dos años en roma, que llevo un par de fracasos personales en lo que va de curso, que me llega la hora de centrarme, de elegir pais de manera mas o menos definitiva... insomma, de un saco de problemas y sin embargo al poco de empezar a andar por el lungotevere me di cuenta de una cosa muy sencilla pero reconfortante: era feliz alli en medio, aparentemente sólo, pero con/en roma. con/en mi ciudad.

mikgel ha detto...

A mí me pasó más o menos lo mismo. Llevaba seis meses viviendo en Sevilla sin terminar de vivirla. Pero una tarde de finales de Marzo en la Plaza Alfaro, sentado en esas escaleras que daban a los Jardines de Murillo antes de que pusieran esa valla horrible. En la Plaza Alfaro, decía, él me abrazó, y con él el azahar, el calor de la tarde, todo me abrazó. Y me enamoré, de él y de ella, súbitamente, para siempre. A pesar de nuestros pequeños desamores y nuestras pequeñas traiciones (los míos y los de ella), con él no fue para siempre, por desgracia.

Javiario ha detto...

Es una relación amor-odio.

Más de una noche calurosa caminando sólo en dirección a casa, por el paseo de Colon con la ciudad dormida. Al fondo la torre del oro iluminada, y esos olores. Y te dices a ti mismo lo a gusto que estás en ese momento, y te olvidas de lo malo.

Pero quitando esos momentos... sales cualquier día a coger un autobus y te das cuenta que tardas lo mismo si hubieses ido andando. O coges el coche todo es atascos y gente cabreada. Y esas calles llenas de caca de perro... Y la avenida de la Constitución, en la que te tienes que poner mascarilla por el pestazo a caca y pis de caballo y burro.

Y QUIEN TIENE LA CULPA DE TODO!!!... LOS POLÍTICOS!!!.

Enis del mar ha detto...

Uff, que cierto, tío.
Que bien descrito.
Uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde. Pienso en personas que ya se han ido, pero también en gente que han debido alejarse de su ciudad, sus familias, sus amigos. Y en el caso de Sevilla, sobre todo en estos días...uff, me emociono al pensarlo, chaval. Que no nos pase. Disfrutad de la ciudad en primavera. Abrazos.