Pirámide de Maslow. Vamos subiendo escalones cuando vamos satisfaciendo las necesidades de los estratos inferiores. A veces hemos sido esclavos de esas necesidades, por mucho tiempo o por poco, como lo podemos ser de nuestras palabras y de algunos de nuestros silencios.
Podemos ser incluso esclavos de hechos que están por realizar, hechos aplazados a la sombra de los cuales esperan otras decisiones. Decisiones muchas veces bastante más importantes que esos hechos. Uno aplaza, aplaza y aplaza y se acomoda placidamente, sin tomar esas decisiones que antes o después uno tiene que tomar.
Escribo esto porque creo que ha llegado el momento, ahora que alguien me dio un empujón para subir un escalón, de tomar ciertas decisiones, aunque lo primero de todo es acabar la carrera, que ya va para tres años que debía haberla terminado. Escribo esto cuando no sé que voy a hacer con mi vida, donde terminar o donde empezar según se vea; si dedicarme o no a lo que he estudiado o buscarme la vida por otro lado. Cada vez me convence menos el que seria mi campo profesional, pero tampoco hay nada que me llame especialmente. Escribo esto el día que cumplo veintisiete años, y que veo que va siendo hora de coger el toro por los cuernos y tomar todas las decisiones que haga falta tomar, ahora que tengo fuerzas para hacerlo. Ahora que...
Ahora que tengo veinte años,
ahora que aún tengo fuerzas,
que no tengo el alma muerta,
y me siento hervir la sangre.
Ahora que me siento capaz
de cantar si otro canta.
Hoy que aún tengo voz
y aún puedo creer en dioses...
Quiero cantar a las piedras, a la tierra, al agua,
al trigo y al camino, que voy pisando.
A la noche, al cielo, a este mar tan nuestro,
y al viento que por la mañana viene a besarme el rostro.
Quiero alzar la voz por una tempestad,
por un rayo de sol,
o por el ruiseñor
que ha de cantar al atardecer.
Ahora que tengo veinte años,
ahora que aún tengo fuerzas,
que no tengo el alma muerta,
y me siento hervir la sangre.
Ahora que tengo veinte años,
hoy que el corazón se me dispara,
por un instante de amar,
o al ver un niño llorar...
Quiero cantar al amor. Al primero. Al último.
Al que te hace padecer. Al que vives un día.
Quiero llorar con los que están solos,
y sin ningún amor van pasando por el mundo.
Quiero alzar la voz, para cantar a los hombres
que han nacido de pie,
que viven de pie,
y que de pie mueren.
Quiero y quiero y quiero cantar.
Hoy que aún tengo voz.
Quién sabe si podré mañana.
Pero hoy sólo tengo veinte años.
Hoy aún tengo fuerzas,
y no tengo el alma muerta,
y me siento hervir la sangre...
(Esto tenía que haber sido colgado el sabado, dia 1 de Septiembre, pero por causas externas, además de un punto de alzeimer no ha podido ser colgado hasta hoy)